Mi Bestia Interior

lunedì, dicembre 30, 2013
Sueño
Me subía a los lugares altos cuando era niño y ahora me da miedo pensar que no sabría cómo bajarme. Pongo algo de música y me entrego al abrazo de las arañas, hasta quedar sordo.
martedì, dicembre 03, 2013
Invocación
Traigan las jarras y los stereos, que aquí nos reuniremos a encontrar juntos el sosiego al final de otro día más en la vida. Vengan, vengan a escuchar y a contar historias que hablan de lo que en verdad somos. Cada uno tiene sus pesares y sus alegrías y cada uno sabe que un día ya no seremos ni un comentario. Ni un recuerdo. Sabemos que hemos venido para irnos y por eso queremos quedarnos. Debe ser por eso que al llegar la noche nos encontramos para saber que todavía seguimos acá. Para celebrar que no nos llegó aún la hora. Aprendieron a seguir vivos, ocultando lo que son, escapando, escondidos como Bagheera, esperando dar el salto, caminando con pies alcochados, volando como avispas. Viviendo, en definitiva, sin ser vistos. Si llegaron hasta acá es porque supieron que a una cierta edad hay saber sumergirse en el silencio. Eso hará la diferencia en muchas situaciones. Hay que saber que no conviene hacer ruido, que lo importante es aparecer en el momento preciso y luego retornar a las sombras, al silencio, a la quietud. Hay que ser callados, es lo que nos enseñaron. Por eso, acá estamos reunidos para conversar, reirnos, jugar al naipe y compartir, soltarnos en este único lugar seguro. Acá nos dejaron, nos soltaron solos pero supimos encontrarnos y eso nos hace fuertes ante la desesperación. Eso es lo que nos mantiene sanos. Son tiempos desesperados. Que no nos digan que aquel roba porque nació en la pobreza, porque eso no es así. ¿Por qué robarán los ricos, entonces? El que roba es víctima de una desesperación. Está atrapado, dirigido por la desesperación que le instalaron en el cerebro. No roban para comer y mucho menos para vivir. Lo hacen porque los han dejado solos, porque les muestran ese camino a la salvación, y hasta lo hacen por venganza contra los que los condenan a no tener lo que ellos. Aquí, no se levanta una condena contra ninguno. Las puertas están abiertas para los que se animen a entrar. Está escrito en las paredes de este barrio y eso es suficiente como para que tenga fuerza de ley. Las leyes del hombre están en los códigos, las leyes del barrio están en las paredes, pintadas con aerosol, como los nombres de los que nos dejaron, como los nombres de las que no nos quieren. Acá, lo que está escrito en los muros o en la piel tiene valor. Son palabras que no se borran. A los ojos ajenos esto tiene un sentido romántico y hasta extravagante. Son otras lecturas y no hay nada que decir de eso, salvo por un detalle. Aquí, la palabra es una navaja que te conviene mantener oculta. Como con las navajas, nunca muestres una palabra si después no las vas a usar. Algo parecido ocurre con los naipes porque el mejor jugador gana sin mostrar sus cartas. Cada cosa que se dice es una promesa que habrá que cumplir. Porque odiar y amar son dos tareas que un buen día nos van a exigir que le pongamos el cuerpo a lo que dijimos y llegado ese momento lo único que no podemos hacer es ir para atrás. Irse al mazo en esas situaciones es hacer la gran cagada de nuestras vidas. O morimos o nos quedamos vivos, lamentando para siempre lo que no tuvimos huevos para hacer. Como sea que salga, ya estamos perdidos para siempre y no hay forma de remediarlo. Pero seguir estos consejos los llevará a atravesar una existencia segura, basada en una pésima lectura de lo que es evitar el dolor y el peligro. Y lo que es peor, los empujará a creer en que se puede disfrazar el daño que le causamos a otros buscando armonías imbéciles, apoyando causas estériles como las de armonizar con el Universo o la Naturaleza cuando todo se puede explicar mejor en las partículas que forman la materia. Eso es lo que apenas somos, partículas. Nos guste o no somos parte de algo.
Vayan donde los lleve el viento, el corazón, y traten de regresar vivos, para no perder una noche de Ejército, el barrio que vimos nacer, como ya se ha dicho tantas veces.
A continuación, una historia más de las tantas que se escuchan entre los pasillos del barrio, en los locales comerciales y en las placitas como esta, donde se juega al truco y se odia al policía.
Vayan donde los lleve el viento, el corazón, y traten de regresar vivos, para no perder una noche de Ejército, el barrio que vimos nacer, como ya se ha dicho tantas veces.
A continuación, una historia más de las tantas que se escuchan entre los pasillos del barrio, en los locales comerciales y en las placitas como esta, donde se juega al truco y se odia al policía.
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